Carmen Valero Gimeno, “su esfuerzo no queda en el olvido”

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SillaNoticias/ El nombre de la merecedora del Porrot d’Honor 2015 a la actividad cívica es Carmen Valero Gimeno (Silla, 1893-1962). Pertenece a un grupo de maestras provistas de una magnífica preparación profesional que compartieron prácticas pedagógicas innovadoras, que fueron pioneras en su compromiso con la transformación educativa y social de su tiempo y que terminaron derrotadas junto a la República, olvidadas la mayoría por el silencio tanto franquista como de la transición. 

Para que no caiga en el olvido, para situar a Carmen Valero en el lugar que le corresponde y para hacer justicia a la memoria de una mujer especial de Silla que oculta la historia oficial, Josep Antich i Brocal (quien también recogerá este año el Porrot d’Honor a la actividad cultural) ha documentado los momentos más reseñables de su vida en una crónica agridulce, Carmen Valero, crònica d’una lluitadora, que sirve de fuente para todo aquel con sed de conocer.

Lo habitual a principios de siglo XX para las mujeres era ofrecerles una educación como medio de reforzar los ideales tradicionales: educarlas para ser esposas y madres. Y en caso de estudiar, se les negaba la posiblidad de ejercer la profesión. Por otro lado, según el censo de 1910, Silla presentaba un 78,18% de analfabetos, una cifra muy superior a la media de Valencia, debido al alto nivel de población activa dedicada al sector primario en condiciones de subsistencia.

Ninguna de las circunstancias fue obstáculo para que Carmen obtuviera la carrera de Maestra Nacional en 1913, la primera de sus cinco titulaciones universitarias. Después llegó la de Bachiller, la de Perito Mercantil, la de Profesor Mercantil y, finalmente, la licenciatura en Ciencias Químicas en 1923. Mientras estudiaba aprovechó para publicar un libro de cálculo que sirvió de texto de referencia en la Escuela de Comercio.

Con todo, apostó por la pedagogía de la escuela primaria, reivindicando una enseñanza igualitaria en defensa de los derechos de la mujer y tratando de potenciar la personalidad y el espíritu crítico de sus alumnos a través de métodos racionales. Colaboró con la Fundación Universitaria Española (FUE) y fundó, en compañía de Francisca Sanchís, Guillermina Medrano y Enriqueta Agur, la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza de la UGT (FETE-UGT), organización que se terminaría convirtiendo en sindicato de maestros y profesores universitarios.

El analfabetismo era muy elevado sobre todo en las mujeres. A principio de siglo XX el 70% de las mujeres eran analfabetas. En 1930 al analfabetismo femenino bajó a un 47,5%  y en 1936, ya con la reforma educativa de la República  en marcha, pasó al 39,4% con campañas educativas para mujeres adultas. La derrota republicana supuso también la derrota de los ideales de estas profesionales que defendieron la necesidad de considerar a las mujeres en sí mismas y no en función de papeles predeterminados.

Se ejerció la represión sobre ellas, como profesionales y, sobre todo, como mujeres. Todas fueron separadas de la profesión, que era su medio de vida, después del complejo proceso de depuración de los docentes, algunos incluso condenados a muerte. “Ellas fueron las que encendieron la antorcha de nuestra lucha femenina, política, sindical y profesional, y su esfuerzo no queda en el olvido”, exclama Carmen Agulló, profesora del departamento de Historia Contemporánea.

El proceso penal de Carmen Valero duró ocho meses, acusada de desafección al Movimiento, fundar el partido de Izquierda Republicana, ingresar en el Partido Comunista, formar parte del Socorro Rojo Internacional y manifestarse entusiasta en sus manifestaciones con los postulados de izquierdas.

Fue absuelta. Mucha gente se jugó su prestigio para librarla testificando a su favor. No obstante, quedó inhabilitada para ejercer el magisterio. Solo en 1951, tras cinco apelaciones, consiguió reintegrarse, pero con la movilidad personal y sus derechos profesionales restringidos.

Falleció “el 19 de setembre de 1962 a la mateixa casa on havia nascut. Tenia 69 anys, i està soterrada al cementiri municipal”, cierra la crónica Josep Antich, que define a Carmen como “una intel•lectual, eixe seria el qualificatiu més adequat de tots els que li pugem atribuir”.

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